El contrato de seguro: los deberes y obligaciones de las partes

Tal y como establece la Ley del Contrato de Seguro, el contrato de seguro es aquél por el cual una parte (el asegurador) se obliga frente a otra (el asegurado) a indemnizar o a satisfacer un capital, unas rentas u otras prestaciones convenidas al asegurado, en caso de que se produzca el evento cuyo riesgo es objeto de cobertura, y a cambio del cobro de una prima.

La ley viene a establecer una serie de deberes y obligaciones, tanto del tomador del seguro como del asegurador, y tanto antes de la producción del siniestro como después, que es importante conocer, y que vamos a recoger a continuación.

En ese sentido, hay que tener en cuenta que antes de la producción del siniestro, el tomador del seguro tiene varios deberes y obligaciones, como son por ejemplo, el deber de declarar el riesgo y de comunicar las agravaciones del mismo, o el deber de comunicar la transmisión del bien asegurado.

Pero quizás el aspecto más importante sea el deber de pagar la prima. La prima es la suma de dinero que el tomador del seguro debe abonar como contraprestación por la cobertura de los riesgos, y que está en función de la suma asegurada. El principio más importante que rige este deber es el principio de pago anticipado: la prima se debe abonar en todo caso antes de la cobertura del siniestro.

En los supuestos de impago de la prima, la ley establece diversas consecuencias. En ese sentido, si hay pago de prima única y no se ha pagado, o hay pago de prima periódica y no se paga la primera parte, la compañía de seguros no está obligada a cubrir el siniestro, y puede decidir resolver el contrato o bien reclamar judicialmente dicho importe. En cambio, si lo que no se paga es la siguiente anualidad, o las sucesivas partes de una prima periódica, transcurrido un mes desde el vencimiento del pago de la prima, se suspende la cobertura del riesgo. En cualquier momento el tomador puede realizar el pago, pero en ese caso la cobertura no comenzará hasta las veinticuatro horas siguientes.

Después de la producción del siniestro, el tomador del seguro (o, en su caso, el asegurado, tienen el deber de comunicar el siniestro a la compañía de seguros dentro del plazo señalado en el contrato o, si no se hubiera acordado, en un plazo máximo de siete días. Si lo hiciera fuera de plazo, en principio el asegurado no perdería el derecho a la indemnización; ahora bien, si la compañía aseguradora demuestra que el retraso le ha provocado un perjuicio, podrá reducir el importe de la indemnización, o incluso quedar exenta del abono de la misma si llega a probar que hubo mala fe por parte del asegurado.

Además, existe lo que se conoce como el deber de salvamento, que es el deber de aminorar o reducir las consecuencias del siniestro. Para ello, se suelen pactar unos gastos que la compañía va a cubrir si se han llevado a cabo actividades de salvamento que hayan producido algún perjuicio en el asegurado. En caso de incumplimiento de este deber, la compañía podría llegar a estar exenta del abono de la indemnización.

Pero después de la producción del siniestro, quizás la obligación más importante corra a cargo de la compañía aseguradora, que tiene el deber de reparar el daño producido. Para ello, deben concurrir una serie de requisitos, como es que se produzca un siniestro de los contemplados en la póliza, o que el contrato esté en vigor.

En IBISUM contamos con expertos que le asesorarán sobre todos los extremos relativos a las cuestiones legales de su contrato de seguro, para garantizar en todo momento que se respeten sus derechos.

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